Juan Carlos Galdámez Naranjo es director secretario de la Liga Marítima de Chile
Esta columna complementa el debate público reciente sobre concesiones y modernización portuaria, precisando el nivel donde se origina el problema del sistema portuario chileno, el cual es estructural y no operativo, es decir, la ausencia de gobernanza sistémica.
Existe amplio consenso técnico en que Chile cuenta con puertos operativamente eficientes, persisten conflictos recurrentes: judicialización, retrasos, tensiones laborales y puerto–ciudad, la presión competitiva regional se intensifica, las decisiones se toman mayoritariamente en marcos locales y sectoriales. Estos hechos no están en discusión.
El debate tiende a abordar estos problemas en el plano operativo: ajustes en bases de licitación, mayores exigencias tecnológicas, mejoras contractuales y soluciones caso a caso. El límite de este enfoque es que no aborda la gobernanza del sistema como red nacional. Las decisiones se optimizan localmente, pero no se alinean sistémicamente.
Hay una distinción clave: operación versus gobernanza. Operación es eficiencia de terminales, productividad, tecnología, relaciones laborales; gobernanza es planificación de red, estándares comunes, coordinación interinstitucional, información integrada, visión de largo plazo. Chile ha avanzado en lo primero, pero carece de una instancia clara para lo segundo.
Las consecuencias de la ausencia de gobernanza sistémica son múltiples: duplicación de estudios y evaluaciones, conflictos que escalan a instancias judiciales, inversiones desalineadas con accesos y territorio, incertidumbre regulatoria para inversionistas, y pérdida de competitividad logística agregada. Estas consecuencias no se corrigen con más eficiencia del terminal.
Antes de discutir diseños institucionales concretos, cualquier reforma debería cumplir criterios mínimos: separación estricta entre gobernanza y operación; respeto a la libre competencia y contratos vigentes; capacidad de planificación de largo plazo; estándares técnicos, digitales y ambientales comunes; coordinación efectiva entre Estado, territorios y privados. La experiencia internacional muestra que los países que lograron mejorar su desempeño logístico no lo hicieron únicamente invirtiendo más, sino ordenando mejor. Primero definieron reglas comunes, mecanismos de planificación de largo plazo y estándares nacionales. Luego, crearon una infraestructura de gobernanza alineada con esa arquitectura.
Operar bien no es lo mismo que gobernar un sistema. Chile ha demostrado capacidad para operar puertos eficientes. Sin embargo, un sistema puede exhibir altos niveles de productividad en sus terminales y, aun así, funcionar de manera subóptima como conjunto. La razón es simple: la eficiencia local no garantiza coherencia sistémica. En síntesis, el problema portuario chileno no es la falta de proyectos ni de inversión, sino la falta de visión de Estado para gobernar los puertos como sistema. Sin abordar ese nivel, las soluciones seguirán siendo insuficientes, costosas y frágiles. Elevar el debate desde la operación a la gobernanza no retrasa decisiones: las vuelve sostenibles.











































