Por Gabriel Campos Roullet
@PortalPortuario
En incertidumbre se mantiene la ratificación del Tratado de Libre Comercio entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur, luego que a solo días de su firma, la Eurocámara decidiera remitir el tratado al Tribunal de Justica de la Unión Europea (TJUE) para que revise su legalidad, trámite judicial que podría tardar meses e incluso años. De esta manera, se logró postergar su aplicación en el mediano plazo y dejó en vilo la creación de una zona sin aranceles de más de 700 millones de potenciales consumidores.
El Doctor en Ciencia Política de la Universidad de la República de Uruguay y Máster en Política Económica Internacional, Nicolás Pose-Ferraro, conversó con PortalPortuario, donde entregó sus reflexiones del escenario actual del acuerdo UE- Mercosur y cuáles serán los próximos obstáculos que deberá enfrentar el tratado para su eventual ratificación. Además, el académico profundizó sobre la contingencia del mercado común sudamericano, analizando potenciales nuevas alianzas y la posibilidad de iniciar una proceso de apertura comercial.
Tras el bloqueo del parlamento Europeo al Tratado de Libre Comercio entre la Unión Europea – Mercosur ¿Cree que es viable su aplicación en el mediano plazo?
Entiendo que la remisión al TJUE es más una dilación que un bloqueo en sí. De todos modos, está claro que los opositores al acuerdo intentarán utilizar este tiempo ganado para reagrupar fuerzas y construir una mayoría opositora a la hora de la votación sustantiva, sobre la ratificación. Los números están muy ajustados, ya que las familias políticas centristas que son la base del apoyo están sufriendo defecciones en clave nacional, es decir, parlamentarios que están votando siguiendo la posición contraria de su país y no la línea de su grupo, por lo que estamos frente a un final de resultado abierto.
¿Cree que el Mercosur debe buscar nuevos socios?
El proceso de diversificación comercial de los miembros del Mercosur ha operado por la vía de los hechos, es decir, sin necesariamente estar precedido por el establecimiento de acuerdos preferenciales de comercio. De hecho, China ya es el principal socio comercial de Brasil y de Uruguay, a la vez que viene ganando terreno en el comercio exterior de Argentina. Dicho esto, veo difícil un acuerdo preferencial Mercosur-China en el corto plazo, por la sencilla razón de que a diferencia de la UE, una apertura preferencial con China concita una fuerte oposición de la industria manufacturera de los países más grandes del bloque. El caso de India es algo distinto. Si bien ya existe un acuerdo de preferencias fijas con este socio, es de alcance acotado. A su vez, India históricamente ha aplicado fuertes medidas de protección a su agricultura, donde residen los principales intereses ofensivos de los países del Mercosur.
Respecto a Uruguay ¿Cree que es conveniente mantenerse en el Mercosur?
Aunque Uruguay expresa desde hace años un conjunto de insatisfacciones respecto a distintos aspectos del funcionamiento del bloque, incluida su agenda externa, lo cierto es que Mercosur sigue siendo un espacio clave para su inserción comercial. Mercosur, sumado, alterna con China como primer destino de las exportaciones uruguayas. Además, los bienes que Uruguay coloca en los mercados del bloque, con mayor procesamiento que aquellos vendidos al resto del mundo, difícilmente encuentren mercados sustitutos. A todo esto, se agrega que para la mayoría de las empresas de mediano y bajo porte que logran exportar, Mercosur es su principal sino único comprador. Por tanto, múltiples sectores de actividad, así como la mayoría de las empresas del país con corrientes de exportación, precisan del mantenimiento del acceso preferencial que ofrece el Mercosur.
En la administración de Lacalle Pou, se habló mucho de una eventual salida de Uruguay del bloque (o fomentar su flexibilización) y considerando el estancamiento de acuerdo con la UE ¿Cree que el presidente Orsi pueda tomar esa postura ?
La propuesta de Uruguay de flexibilizar la agenda externa del bloque es de larga data: sus primeros antecedentes se remontan a la década del 2000. Es cierto que los énfasis en este planteo han variado, pero no tanto su contenido. De hecho, en noviembre del año pasado, Uruguay volvió a presentar una propuesta en esta línea a sus socios. Sin embargo, en ausencia de una respuesta favorable, la salida del bloque no es una opción, por los motivos comentados en la respuesta previa. Esto opera como un factor estructural, independiente del signo político del gobierno en cuestión.
Durante la anterior presidencia de Uruguay se iniciaron las negociaciones para firmar un Tratado de Libre Comercio con China por fuera del Mercosur y las autoridades uruguayas calificaron como “imprescindible” poder cerrar el acuerdo ¿En qué van esas negociaciones?
Las negociaciones no han avanzado porque China ha definido que prefiere no avanzar salvo contar con un visto bueno explícito del Mercosur (o más precisamente, de Brasil). De hecho, China habilitó la exploración de una posible negociación bilateral con Uruguay en un contexto muy particular, en donde el gobierno brasileño del momento adoptaba una fuerte retórica anti-china en su política internacional. Al reconducirse las relaciones China-Brasil, la negociación con Uruguay desapareció de la agenda del gigante asiático.
¿El Mercosur debe iniciar un camino de flexibilización?
Iniciar dicho camino es una definición que corresponde más al mundo de la política de los países miembros que al terreno de la academia. Desde esta última, lo que sí es posible notar es la existencia de algunos factores que empujan en dicha dirección. Los miembros de Mercosur comparten básicamente los mismos intereses ofensivos en las negociaciones comerciales (estructuradas en torno a productos de origen agrícola). Sin embargo, difieren en sus sensibilidades: los más grandes tienen una industria manufacturera que percibe fuertes dificultades en caso de una apertura con las principales economías emergentes de Asia, mientras que los más chicos no enfrentan esta restricción. Técnicamente, la flexibilización también es posible, pues Mercosur no opera en los hechos como una unión aduanera, más allá de que se proyecta constituirse como tal. De hecho, los acuerdos más recientes con Singapur y la propia UE, que prevén la entrada en vigor provisional bilateral para los miembros del bloque, son prueba de ello e instancias por la vía de los hechos de flexibilización.
Combinado con el relativo estancamiento del comercio intra-regional, estos factores operan en la dirección de la flexibilización. No obstante, asuntos como renunciar al objetivo de la unión aduanera, o cómo gestionar el vínculo Brasil-Argentina frente a un escenario de bilateralidad con terceros, son definiciones del más alto nivel de la política exterior de los miembros del bloque, y hasta el momento en los países clave, especialmente Brasil, ha prevalecido la opción del status quo, incluso en presencia de gobiernos con agendas marcadamente aperturistas en lo comercial.
En octubre hay elecciones presidenciales en Brasil, la economía más grande del bloque) ¿Cree que un giro en el signo político pueda traer cambios en el Mercosur?
Los cambios políticos siempre renuevan los debates y las agendas, pero también es posible encontrar algunos rastros de continuidad, explicados por aspectos de corte más estructural. Por ejemplo, en lo vinculado a la flexibilización, a pesar de algunas ambivalencias iniciales durante la administración Bolsonaro, la posición ganadora en el debate interno terminó siendo la misma que hoy sostiene el gobierno de Lula da Silva. De todos modos, el Mercosur abarca múltiples asuntos y agendas, por lo que un ejercicio de proyección de cambios y continuidades requiere de un análisis más detenido por dimensión. A su vez, cualquier ejercicio de esta naturaleza resulta de gran complejidad cuando el panorama político de la oposición en Brasil todavía no termina de definirse, por lo que no es sencillo proyectar qué podría suceder en un escenario de alternancia política en el gobierno.
¿Qué te ha parecido el liderazgo del presidente Lula da Silva para la unidad del mercado común sudamericano?
En aspectos como la negociación con la Unión Europea, resulta evidente que el liderazgo de Lula da Silva ha sido clave para que la renegociación que condujo al nuevo acuerdo alcanzado en 2024 tuviera lugar. En términos más generales, la reactivación de una agenda más ambiciosa del Mercosur requiere de elementos que superan las preferencias y acciones de un líder en particular. Existen restricciones tanto políticas como económicas internas de Brasil, un contexto regional y global desafiante en términos políticos, y presiones estructurales que apuntan a una especialización comercial más recostada en la inserción en terceros mercados y anclada en las ventajas comparativas en bienes agrícolas y minerales que en una integración más densa sustentada en patrones de comercio intra-industrial. También es cierto que ningún gobierno en Brasil, incluido aquellos encabezados por Lula da Silva, han planteado iniciativas serias de políticas de integración productiva intra-regional que puedan contrarrestar o al menos moderar estas tendencias estructurales.












































