Felipe Berríos: Practicaje, modernizar sin desarmar lo que ya funciona

Felipe Berríos Molina es Ingeniero en Administración Marítima


La publicación de las 99 Propuestas para la Competitividad Marítimo-Portuaria  ha abierto un debate necesario sobre la eficiencia del sistema logístico chileno. Sin embargo, cuando la discusión se traslada al ámbito del practicaje, resulta imprescindible contrastar las propuestas con el marco normativo vigente y con la experiencia técnica de quienes ejecutan la función.

En ese ejercicio, la opinión expresada por la Asociación de Prácticos de Puerto, publicada recientemente no representa una defensa corporativa del statu quo, sino una advertencia técnica: no toda modernización parte de una hoja en blanco.

Seguridad y eficiencia: un objetivo compartido

Camport plantea, en sus propuestas 21 y 22 del capítulo Disponibilidad de Puertos, la necesidad de revisar el funcionamiento del Cuerpo de Prácticos, su capacitación, condición física y mecanismos de ingreso, argumentando mayores exigencias operativas, crecimiento del tamaño de las naves y efectos del cambio climático.

Ese diagnóstico coincide en el objetivo, pero no en la premisa. El Reglamento de Practicaje y Pilotaje TM?008 de Directemar establece que el practicaje es un servicio obligatorio, regulado, supervisado y asignado por la Autoridad Marítima, con un foco explícito en la seguridad de la navegación, de la vida humana en el mar y del medio ambiente. Aquí aparece el primer punto de encuentro real, pues Camport y los prácticos coinciden en que la seguridad operacional es condición previa de la competitividad portuaria, no una variable secundaria.

Capacitación y condición física: más convergencia que conflicto

Camport propone revisar instancias de capacitación y control físico (propuesta 21). La respuesta de los prácticos no niega ese objetivo, sino que aclara que estas materias ya están reguladas y en aplicación permanente. Según APRAP , la Autoridad Marítima mantiene un sistema de capacitación periódica, uso de simuladores (Cimar), exámenes médicos regulares y control de carga de trabajo mediante criterios objetivos

El TM?008 respalda este enfoque al otorgar a Directemar facultades para dictar instrucciones complementarias, exigir condiciones técnicas, suspender maniobras y regular dotaciones cuando la seguridad lo requiera.

El punto de convergencia es claro, la modernización de la capacitación no requiere desregular, sino actualizar y fortalecer instrumentos ya existentes, integrando nuevas tecnologías y escenarios climáticos dentro del marco vigente, adicionalmente, existe espacio para ampliar capacidades y cobertura del entrenamiento, considerando la incorporación de simuladores privados con altos estándares técnicos, los que podrían complementar la capacidad existente.

Dotación y disponibilidad: planificación técnica vs. percepción de escasez

Camport plantea una eventual escasez de prácticos y propone abrir el ingreso a personas sin formación marítima previa (propuesta 22). APRAP rebate este punto señalando que no existe déficit estructural, que las plazas están cubiertas y que una proporción relevante de los prácticos proviene hoy de la marina mercante, no exclusivamente de la Armada. En este sentido el Reglamento de Practicaje y Pilotaje refuerza esta mirada al establecer que la responsabilidad de mantener el número necesario de prácticos recae en la Dirección General, en función de estudios técnicos y necesidades operativas de cada puerto.

Aquí, el punto de encuentro no es la forma, sino el fondo, ya que la continuidad operativa es un interés común, pero su solución debe basarse en planificación técnica y no en atajos formativos que podrían aumentar el riesgo operacional.

Gobernanza y certeza regulatoria

Camport insiste en la necesidad de estabilidad normativa, coordinación institucional y planificación de largo plazo para evitar ineficiencias y sobrecostos. Los prácticos, a su vez, enfatizan que cualquier revisión debe reconocer la normativa nacional y los estándares internacionales OMI ya incorporados al sistema chileno. Por su parte, el TM?008 demuestra que el practicaje chileno no es un sistema informal, sino uno alineado con convenios internacionales como SOLAS y las recomendaciones OMI, bajo tutela directa de la Autoridad Marítima

El punto de encuentro final es estratégico, ya que la competitividad portuaria requiere reglas claras, previsibles y técnicamente fundadas, donde el practicaje opere como un aliado de la eficiencia, no como un cuello de botella artificial.

Podemos concluir que el debate entre Camport y los prácticos no es una disputa entre modernidad y tradición, sino más bien una discusión sobre cómo modernizar sin debilitar un pilar crítico de la seguridad marítima. A la luz del Reglamento de Practicaje y Pilotaje y de las propias propuestas de Camport, los puntos de convergencia son evidentes: seguridad, continuidad operativa, planificación técnica y actualización gradual del sistema.

Entonces la oportunidad está en articular estas visiones, reconociendo que el practicaje no es un problema a corregir, sino una capacidad estratégica que debe integrarse plenamente a cualquier agenda de competitividad portuaria, para ello se requiere voluntad de las partes, para que exista mejor comunicación local entre autoridades y prácticos, inclusión de los privados especialmente en entrenamiento y simulación con sus tecnologías y simuladores y una revisión local más exhaustiva y detallada para cada realidad portuaria regional.

La discusión no es si modernizar el practicaje, sino cómo hacerlo sin perder el estándar de seguridad que hoy sustenta la competitividad portuaria del país.


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