Juan Carlos Galdámez: Saturación portuaria y el riesgo de confundir síntomas con causas


Juan Carlos Galdámez Naranjo LLM (Maritime Law & Policy, Waes, UK)


La discusión sobre la saturación del Puerto de Valparaíso ha vuelto a instalarse con fuerza. Se la presenta como evidencia directa de una gestión deficiente, de contratos mal diseñados y de incentivos incorrectos. El diagnóstico es atractivo por su simplicidad, pero resulta insuficiente para un sistema portuario que opera bajo restricciones estructurales conocidas desde hace décadas.

Saturación no es sinónimo de ineficiencia

Conviene partir por una precisión básica. Saturación no equivale automáticamente a ineficiencia. En sistemas portuarios consolidados, espacialmente restringidos y con alta interfaz ciudad–puerto, la saturación puede ser el resultado esperable de un uso intensivo exitoso. Valparaíso opera con una huella física acotada, geometría compleja de sitios, accesos terrestres condicionados y restricciones urbanas que no son comparables, sin más, con otros puertos de la región. Comparaciones basadas únicamente en superficie disponible ignoran variables operativas críticas y conducen a conclusiones apresuradas.

Invertir no siempre expande capacidad

Se sostiene también que las inversiones realizadas con posterioridad a 2014 “debieron” haber elevado la capacidad del puerto a niveles sustancialmente mayores. Este argumento confunde tipos de inversión. No todo CAPEX es expansivo. Una parte relevante de las inversiones portuarias recientes se orienta a continuidad operacional, refuerzo estructural, seguridad, resiliencia sísmica y cumplimiento normativo. Ese tipo de inversión estabiliza el sistema, reduce riesgos y evita fallas mayores, pero no incrementa necesariamente el throughput anual. Evaluar resultados sin distinguir entre inversión de expansión y de resiliencia distorsiona el diagnóstico.

La capacidad no es un número fijo

El uso de cifras históricas de transferencia anual como prueba de deterioro de desempeño omite otro elemento clave. La capacidad portuaria no es un número fijo. Depende de la mezcla de servicios, del tamaño promedio de las naves, de la concentración de recaladas y de los tiempos efectivos de estadía. El aumento del tamaño de las naves y la mayor sincronización de arribos tienden a generar picos operativos más exigentes, incluso cuando el volumen anual no crece en la misma proporción. Este fenómeno está ampliamente documentado en puertos comparables a nivel internacional.

Declarar saturación no es fallar, es transparentar

En este contexto, afirmar que la declaración de saturación contraviene la misión de la empresa portuaria supone una confusión conceptual. La misión no es garantizar ausencia de saturación, sino administrar infraestructura escasa bajo reglas conocidas y transparentar oportunamente los cuellos de botella del sistema. Negar o invisibilizar la saturación sería una falla grave. Declararla es una condición necesaria para decisiones informadas.

El espejismo de la solución contractual

La idea de que una nueva licitación, por sí sola, resolvería las ineficiencias observadas carece de sustento empírico. La experiencia comparada muestra que los problemas de congestión rara vez se explican únicamente por el diseño contractual de un terminal. Con mayor frecuencia responden a fallas de coordinación del sistema portuario-logístico completo, incluyendo accesos, gestión de picos, articulación intermodal y decisiones explícitas sobre los límites estructurales del puerto.

Tres criterios para no equivocarse de solución

Antes de proponer respuestas, conviene fijar criterios mínimos.

Primero, límite estructural versus desempeño operativo. No todo cuello de botella es corregible con mayor eficiencia. Cuando el sistema opera cerca de su frontera física y urbana, insistir en ajustes marginales solo posterga decisiones inevitables.

Segundo, expansión versus resiliencia. La pregunta relevante no es cuánto se invirtió, sino qué problema específico se buscaba resolver y cuál era su impacto esperable en capacidad efectiva.
Tercero, enfoque sistémico y no estrictamente terminal. Muchos cuellos se encuentran fuera del frente de atraque. Actuar solo sobre el contrato es intervenir el síntoma, no la causa.

Lo esencial: diagnóstico correcto o soluciones cómodas

El riesgo del debate actual no es la falta de preocupación por la eficiencia. Es equivocarse de diagnóstico. Y en sistemas portuarios complejos, un diagnóstico errado suele conducir a soluciones técnicamente elegantes, pero estratégicamente ineficaces.


 

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