Felipe Berríos es Ingeniero en Administración Marítima
El Estrecho de Ormuz, una franja marítima de apenas decenas de kilómetros de ancho que conecta el Golfo Pérsico con el Golfo de Omán y el Océano Índico, vuelve a ocupar un lugar central en la agenda del comercio internacional. En medio de una escalada de tensiones geopolíticas en Medio Oriente, la navegación por este corredor estratégico se ha vuelto más compleja, costosa e incierta, con efectos que ya se sienten muy lejos de la región.
Por este paso marítimo circula aproximadamente el 20% del consumo mundial de petróleo, además de importantes volúmenes de gas natural licuado y productos energéticos clave. No se trata solo de un punto de tránsito más: Ormuz es uno de los principales “checkpoints” del sistema logístico global, es decir, un lugar donde una disrupción localizada puede desencadenar consecuencias de alcance planetario.
Mientras cada día más naves fondeadas frente a los puertos cercanos al Estrecho de Ormuz, son un fuerte señal de alerta para la cadena energética global, pues en los últimos días se observa una alta concentración de buques fondeados frente a puertos del Golfo de Omán, con especial atención en Khorfakkan (EAU, Sharjah), un punto estratégico fuera del Estrecho de Ormuz y muy cerca de las rutas principales Este–Oeste.
Cuando se acumulan naves fondeadas frente a puertos como Khorfakkan o en áreas cercanas, no solo vemos “tráfico”, vemos tiempos de espera, reprogramaciones, costos (fletes, seguros, demoras) y sobre todo riesgo para el flujo del crudo y productos energéticos hacia los mercados. De hecho, reportes recientes ya describen buques “respaldados” (backed up) cerca de grandes puertos de la zona como Fujairah, con operadores optando por mantenerse a la espera ante la incertidumbre.
Khorfakkan destaca además por su ubicación, permite operar en el Golfo de Omán sin necesidad de ingresar a las aguas interiores del Golfo Pérsico, ganando flexibilidad operativa y conectividad directa con el Índico.
Una ruta estrecha, saturada y políticamente sensible
Desde el punto de vista de la navegación, el Estrecho de Ormuz presenta desafíos estructurales incluso en escenarios de normalidad. Sus canales de tránsito son limitados, el tráfico marítimo es intenso y continuo, y gran parte de la ruta discurre cerca de aguas territoriales altamente sensibles desde el punto de vista político y militar.
En el contexto actual, a estas complejidades se suman factores adicionales: advertencias a la navegación, cancelaciones o encarecimiento de seguros de “riesgo de guerra”, y decisiones de navieras y armadores de evitar el cruce mientras no exista mayor claridad sobre la seguridad en la zona. El resultado ha sido una acumulación visible de buques fondeados en el Golfo de Omán, frente a puertos estratégicos como Khorfakkan y Fujairah, utilizados como puntos de espera antes de decidir si transitar o no el estrecho.
Este fenómeno no implica un cierre formal del paso, pero sí una reducción efectiva del flujo, con impacto directo en tiempos, costos y confiabilidad de las cadenas logísticas.
Impacto inmediato en el comercio internacional
La tensión en Ormuz ya está repercutiendo en varios niveles del comercio global, el aumento de los costos logísticos, tanto en fletes energéticos como en transporte marítimo general. Una mayor volatilidad en los precios del petróleo, impulsada no solo por la oferta física, sino por la percepción de riesgo. Alteraciones en las rutas marítimas, con desvíos que implican viajes más largos y mayor consumo de combustible y congestión portuaria y desbalances de equipos, especialmente en contenedores y unidades refrigeradas.
Incluso sectores que no operan directamente en Medio Oriente se ven afectados por el encarecimiento del transporte y la pérdida de previsibilidad en los tiempos de tránsito.
América Latina y un impacto que llega por la vía de los precios
Aunque el continente americano no depende de forma directa del Estrecho de Ormuz para la mayor parte de su abastecimiento energético, los efectos de la crisis no tardarán en trasladarse.
En Estados Unidos, cualquier tensión en Ormuz se refleja casi de inmediato en los mercados energéticos, con subas del precio del crudo que terminan impactando en costos de transporte, inflación y actividad industrial. Para América Latina, especialmente para los países importadores netos de energía, el encarecimiento del petróleo y de los fletes marítimos representa una presión adicional sobre economías ya sensibles a la inflación importada.
Además, el comercio exterior regional se ve afectado por mayores costos de seguro, fletes más altos y una logística global menos confiable, lo que reduce competitividad y dificulta la planificación de exportaciones e importaciones.
Efectos globales
Lo que ocurre hoy en el Estrecho de Ormuz confirma una realidad conocida, pero a menudo subestimada: en un mundo profundamente interconectado, la logística global es tan fuerte como su punto más vulnerable. No hace falta un bloqueo total para generar disrupción; basta con que el riesgo aumente y que los actores clave decidan esperar, desviar o frenar operaciones.
Para América y el resto del mundo, Ormuz no es solo un paso marítimo distante. Es un termómetro del comercio global y un recordatorio de que, cuando la navegación se vuelve incierta en un punto crítico del mapa, el impacto se siente en todos los continentes.











































