Por Redacción PortalPortuario
En los últimos años, las exportaciones de flores colombianas han alcanzado niveles históricos, superando los USD 2.300 millones anuales y llegando a más de 90 países. Este desempeño ha consolidado a la floricultura como uno de los principales pilares de las exportaciones no minero-energéticas del país.
Lo anterior a través de un impacto directo en el empleo rural y en el desarrollo económico de regiones productoras como Cundinamarca y Antioquia, según el análisis del mercado de flores colombianas elaborado por el Centro de Pensamiento Pórticolive.
El crecimiento del sector plantea retos logísticos de alta complejidad, dado que las flores son productos altamente perecederos, sensibles a variaciones de temperatura, humedad y tiempos de tránsito. Además, su demanda se concentra en fechas clave como San Valentín, el Día de la Madre y el Día de Todos los Santos, lo que convierte la logística en un factor estratégico de competitividad internacional.
En este contexto, el transporte marítimo ha ganado protagonismo. Entre 2014 y 2025, los envíos de flores por esta vía aumentaron de 2.074 TEU a 7.346 TEU, mientras que la participación de las exportaciones en contenedores pasó del 6% a finales de la década pasada a niveles cercanos al 8%-9% en la actualidad.
Aunque aún representa una proporción menor frente al transporte aéreo, este avance resulta significativo debido a las exigencias técnicas y operativas que implica movilizar flores por mar.
Los principales destinos de estas exportaciones en contenedores son Europa y Norteamérica, con productos como los crisantemos, que se consolidaron como la flor predominante al representar más de la mitad del volumen total movilizado.
En 2025, Bélgica emergió como un mercado de alto potencial, mientras que Japón ha venido fortaleciendo su participación de manera sostenida, con incrementos anuales en sus volúmenes.
El atractivo del transporte marítimo radica en sus ventajas económicas y ambientales. En términos de costos, puede generar ahorros de entre 15% y 20% en rutas hacia Estados Unidos, siendo de hasta 40% en envíos hacia Europa.
Desde la perspectiva ambiental, presenta una huella de carbono considerablemente menor, con reducciones cercanas al 98% en emisiones por tonelada transportada, un aspecto cada vez más valorado por importadores, cadenas minoristas y consumidores finales en los mercados de destino












































