Felipe Berríos Molina es Ingeniero en Administración Marítima
El terremoto y tsunami del 27 de febrero de 2010 constituyeron una de las mayores pruebas para el sistema marítimo y portuario nacional. Más allá del impacto estructural en instalaciones, flota y comunidades costeras, el evento puso en evidencia la relevancia crítica del liderazgo operacional, el entrenamiento previo y la capacidad de tomar decisiones en un entorno caracterizado por alta incertidumbre, información incompleta y presión extrema.
Desde el punto de vista del mando, el 27F confirmó que la conducción en crisis no admite improvisación. En escenarios donde las comunicaciones se degradan, las referencias desaparecen y el comportamiento del mar se vuelve impredecible, la capacidad de liderar se manifiesta en la claridad de las decisiones, la priorización correcta del riesgo y la generación inmediata de confianza en las dotaciones. En esos momentos, el liderazgo deja de ser una función administrativa y se transforma en un factor directo de supervivencia operativa.
El entrenamiento fue un elemento determinante. No como una repetición mecánica de procedimientos, sino como un proceso integral orientado a formar criterio, autocontrol y capacidad de adaptación. La experiencia demostró que los equipos mejor entrenados no solo ejecutan órdenes con mayor precisión, sino que también logran mantener cohesión, disciplina y foco operacional cuando el contexto supera cualquier escenario teórico previamente modelado.
En el ámbito marítimo, el 27F evidenció además la importancia de la cultura organizacional. La disposición de las dotaciones a actuar coordinadamente, asumir riesgos y sostener la misión en condiciones extremas es el resultado de años de formación, liderazgo coherente y confianza mutua entre comandante y equipo. Ninguna tecnología puede reemplazar ese capital humano cuando las decisiones deben tomarse en minutos.
A partir de esta experiencia, Chile ha registrado avances significativos en su capacidad tecnológica e institucional para la gestión de emergencias marítimas y costeras. La incorporación de mejores sistemas de monitoreo oceánico, el fortalecimiento de los modelos científicos de análisis de tsunamis, la evolución de los sistemas de alerta temprana y una mayor coordinación interinstitucional han permitido reducir los tiempos de reacción y mejorar la calidad de la información disponible para la toma de decisiones.

En el entorno portuario, estos avances han sido especialmente relevantes. Hoy existe una mayor conciencia sobre la necesidad de proteger infraestructuras críticas, asegurar la continuidad operativa cuando las condiciones lo permiten y establecer protocolos claros para la suspensión y reanudación segura de operaciones marítimas. La integración entre autoridades marítimas, operadores portuarios, comunidades científicas y organismos de emergencia representa un progreso sustantivo respecto del escenario existente en 2010.

No obstante, la experiencia demuestra que la tecnología es un medio, no un fin. Sistemas más sofisticados entregan mejores datos, pero no eliminan la incertidumbre inherente a los fenómenos naturales. La decisión final continúa recayendo en personas que deben interpretar información dinámica y, muchas veces, contradictoria. Por ello, el desarrollo tecnológico debe avanzar en paralelo con el fortalecimiento del liderazgo, el entrenamiento continuo y la formación de capacidades de análisis crítico en todos los niveles de la organización.
Un elemento frecuentemente subestimado en los análisis técnicos es el factor humano extendido, particularmente el rol de las familias. En contextos de emergencia, mientras las dotaciones operan en primera línea, las familias absorben el impacto emocional y logístico de decisiones que priorizan la seguridad colectiva. Este componente, aunque no cuantificable, influye directamente en la sostenibilidad del sistema de respuesta ante crisis prolongadas.
Desafíos estratégicos para el sistema marítimo portuario
A más de una década del 27F, el principal desafío no es únicamente conservar las capacidades desarrolladas, sino evitar la pérdida de memoria operacional. El riesgo sísmico y de tsunami es permanente, y el sistema marítimo portuario chileno es cada vez más complejo, interdependiente y crítico para la economía nacional.
Entre los desafíos estratégicos esta consolidar la integración entre tecnología, entrenamiento y liderazgo, evitando la dependencia excesiva de sistemas automatizados, actualizar permanentemente los escenarios de entrenamiento, incorporando eventos compuestos, fallas múltiples y entornos de alta complejidad operativa. Fortalecer la transferencia de lecciones aprendidas, asegurando que la experiencia acumulada se proyecte hacia las nuevas generaciones de líderes marítimos y portuarios y mantener el factor humano como eje central de la planificación, entendiendo que, en última instancia, las decisiones críticas seguirán siendo humanas.
Recordar el 27F desde una perspectiva técnica y estratégica no es un ejercicio retrospectivo, sino una responsabilidad permanente. Honrar la experiencia implica transformar lo vivido en aprendizaje, fortalecer la preparación futura y asumir que el liderazgo, el entrenamiento y la tecnología deben evolucionar de manera conjunta para enfrentar emergencias que, en un país como Chile, no son una posibilidad, sino una certeza.

Una reflexión final y personal
El 27 de febrero no fue solo una emergencia. Fue una experiencia que marcó para siempre mi vida, mi forma de liderar y de entender el deber.
Esa madrugada el entrenamiento dejó de ser teoría. En minutos, lo aprendido tuvo que transformarse en decisiones reales, bajo presión, con miedo, incertidumbre y la responsabilidad de cuidar a otros. Ahí comprendí que el entrenamiento no busca evitar el temor, sino enseñarnos a actuar a pesar de él. También confirmé algo fundamental: nadie enfrenta estos momentos solo.
Mientras cumplíamos nuestro deber, nuestras familias sostenían el frente más silencioso y valiente. Su fortaleza, comprensión y apoyo incondicional hacen posible que otros puedan cumplir cuando más se necesita. Hoy, recordar el 27F es un acto de respeto. Por lo aprendido, por quienes estuvieron, y especialmente por quienes no están. La memoria importa. Porque recordar también es una forma de liderazgo.












































