Felipe Berríos Molina es Ingeniero en Administración Marítima
La operación portuaria moderna enfrenta desafíos crecientes derivados de la variabilidad meteorológica, la presión normativa y la necesidad de eficiencia en la gestión de recursos. La digitalización y la inteligencia artificial (IA) están transformando el sector marítimo, permitiendo anticipar cierres de puerto y convertir la incertidumbre en estrategia operativa. Sin embargo, las normativas locales no siempre impulsan estas iniciativas, lo que exige una gobernanza sólida, actualizada y transparente.
En Chile existen diversos tipos de bahías, tanto naturales como artificiales, con distintos niveles de tráfico y complejos portuarios que comparten medios y servicios. Las maniobras dependen de la coordinación entre agencias de naves, remolcadores, amarradores, prácticos, lanchas de apoyo y la propia nave, así como de la integración con las plataformas tecnológicas disponibles. Aunque se han logrado avances importantes, como la plataforma VUMAR para la gestión unificada, persisten brechas operativas que aún no son trazables. Sin un órgano coordinador local que controle, ordene y registre las acciones, no se alcanzará una operación completamente segura y eficiente.
La operación marítima suele fluir cuando las condiciones meteorológicas son favorables. Sin embargo, ante eventos disruptivos como marejadas, vientos fuertes, paralizaciones o accidentes, se evidencian las debilidades de un sistema que carece de liderazgo, tecnología adecuada, incentivos correctos y una planificación robusta, lo que genera demoras y pérdidas que finalmente afectan al cliente final. Actualmente, las bahías solo gestionan estadísticas internas, como los tiempos de maniobra, pero no se generan acciones concretas para optimizar los tiempos muertos que ocurren diariamente. Es fundamental analizar las causas de los retrasos y buscar soluciones para reducir estas brechas.
La optimización operativa requiere que las autoridades enfoquen sus acciones directamente en la operación. Acciones como la implementación de VUMAR, el desarrollo de Port Community System (PCS) marítimos y terrestres, y la licitación de una sala de control marítimo-portuario en Puerto San Antonio representan grandes desafíos y oportunidades. Cada puerto debe buscar soluciones propias, considerando que cada bahía tiene una gobernanza y realidad operativa y geográfica distinta.
La clave para una gestión portuaria exitosa radica en la coordinación entre autoridades, operadores, clientes, técnicos y especialistas. Un sistema integrado de gobernanza debe establecer protocolos claros para la emisión, registro y comunicación de resoluciones, asegurando transparencia y trazabilidad en cada decisión. La gobernanza debe articular tecnología, operación y regulación, respaldando las acciones con procedimientos formales y auditorías técnicas. Este enfoque fortalece la confianza en el sistema portuario y permite respuestas ágiles ante escenarios críticos.
El entorno portuario exige soluciones capaces de adaptarse a condiciones cambiantes y realidades locales específicas. Los sistemas deben integrar pronósticos meteorológicos de alta resolución (modelos WRF y ROMS), sensores en tiempo real (boyas, anemómetros, radares) y plataformas de IA. Esta infraestructura permite anticipar y simular escenarios críticos, optimizando la planificación y ejecución de maniobras conforme a los límites operacionales definidos en los estudios de maniobras vigentes. La actualización automática de parámetros y la validación continua de algoritmos aseguran que las operaciones se mantengan alineadas con las normativas y necesidades de cada puerto.
Sin embargo, la complejidad tecnológica y normativa demanda la participación de expertos en meteorología, IA, ingeniería marítima y gobernanza de datos. Estos especialistas serán responsables de la calibración y mantenimiento de sensores, la validación de modelos predictivos y la revisión de estudios de maniobras. Este trabajo debe ser transparente, con comités técnicos y auditorías periódicas que garanticen la confiabilidad y actualización del sistema, evitando errores y optimizando las operaciones con seguridad y eficiencia.
La implementación de sistemas integrados de gobernanza portuaria ofrece beneficios significativos, como la reducción de tiempos de espera y el uso eficiente de recursos como remolcadores y prácticos. Además, se minimizan los riesgos de accidentes durante maniobras, protegiendo vidas humanas y activos, y se disminuyen los costos por interrupciones, lo que aumenta la productividad general del puerto.
El cumplimiento normativo y la trazabilidad de decisiones fortalecen la confianza de operadores y autoridades, consolidando un entorno portuario más seguro y eficiente. Por tanto, la gobernanza debe integrar tecnología, operación y regulación para garantizar decisiones transparentes y trazables. Los protocolos deben definir roles y responsabilidades, asegurando que las acciones estén respaldadas por procedimientos formales. Mecanismos de validación periódica, como auditorías técnicas y revisiones continuas, garantizan la confiabilidad del sistema. La interoperabilidad entre plataformas y la protección de datos son esenciales para evitar riesgos tecnológicos y fomentar la rendición de cuentas.
La transparencia permite a los actores clave acceder a información sobre las operaciones y estructuras de la entidad. La rendición de cuentas se basa en la disponibilidad de información y el seguimiento de métricas, reforzando la confianza y el desempeño organizacional. Herramientas como reuniones públicas, informes anuales, políticas claras, contratos basados en desempeño y métodos de adquisición transparentes son fundamentales para fortalecer la gobernanza portuaria.
Para que una nave sea planificada y opere de manera segura, se requieren sistemas proactivos que anticipen eventos y reaccionen rápidamente, permitiendo una gestión eficaz de situaciones críticas. El uso de IA y sensores meteorológicos avanzados permite recolectar y analizar datos en tiempo real, mejorando la precisión de las predicciones climáticas y optimizando recursos, lo que reduce riesgos para la población y la infraestructura.
Finalmente, el futuro de la operación portuaria chilena depende de la capacidad de todos los actores del sector para adaptarse, innovar y colaborar en la construcción de sistemas de gobernanza sólidos, transparentes y tecnológicamente avanzados. Autoridades, operadores, especialistas y usuarios están llamados a participar activamente en la transformación digital y en la adopción de mejores prácticas, para lograr puertos más seguros, eficientes y sostenibles. Este 2026 está todo para poder avanzar en esta dirección.











































