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[Opinión] PGE: ¿Quo Vadis? (I)

Por: Ernesto Piwonka, Ingeniero Civil en Transporte (PUC).

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Ernesto Piwonka

Están de moda los PGE. Todos quisieran tener uno. La disputa por quedarse con él ha sido ardua y extensa, y no parece estar pronta a terminar. Y es que el asunto no es baladí.

Es bueno recordar cómo se llegó al actual debate. Para ello, debemos remontarnos al año 2009, época en la cual el plan maestro de EPSA contemplaba, para sus siguientes 20 años, un proyecto consistente en una dársena interior, cuya primera etapa era el proyecto conocido como Terminal Costanera Espigón (TCE) y que por esos días estaba próximo a iniciar su licitación. El concesionario STI manifestaba que poseía capacidad suficiente para absorber la demanda proyectada en, al menos, el mediano plazo, mientras EPSA planteaba la necesidad de incrementar la capacidad e introducir más competencia.

En ese debate, tanto EPSA como STI contrataron sendos estudios que fundamentaran sus posturas. Fue así como STI trabajó con Asaf Ashar, renombrado consultor internacional en la materia, mientras que EPSA convocó al español INHA, no menos reputado.

Los informes finales traían una sorpresa: cada uno de ellos, trabajando en forma independiente y defendiendo posturas en parte opuestas, incorporaron, a modo de sugerencia para el desarrollo futuro del puerto, una propuesta de construcción aguas afuera del actual molo, idea que se conoció como outer port y que permitía alcanzar, según las primeras estimaciones, una capacidad de transferencia anual del orden de 6 millones de TEUs. Las propuestas, bastante similares entre sí, buscaban aprovechar la profundidad natural del sector, con buena gradiente y que permitía incluso beneficiarse de la presencia de la desembocadura del río Maipo, se podía utilizar el material de dragado para generar las explanadas necesarias para sus áreas de respaldo, tenía la ventaja de ser escalable en el tiempo (podía construirse por etapas, en la medida en que la demanda lo requiriera) y la construcción de cada etapa no interfería, grosso modo, con el funcionamiento del resto del puerto.

La propuesta outer port sorprendió a todos los involucrados y, en particular, llamó poderosamente la atención de los equipos del MTT y del SEP, que rápidamente apoyaron la idea. Sin embargo, no era tan sencillo, pues el proyecto TCE ya estaba bastante avanzado y, por supuesto, EPSA no estaba dispuesta a abandonar su proyecto estrella sólo porque súbitamente surgió una idea que parecía buena. Era necesario definir y acotar mejor el proyecto (en definitiva, estudiarlo en todas sus dimensiones). Aun así, se modificó el plan maestro del puerto de San Antonio, sustituyendo el proyecto dársena por el outer port, pero no la primera parte de aquél: el TCE.

Paralelamente, EPV planteó que el outer port no necesariamente debía ubicarse en San Antonio, pudiendo Valparaíso ser también una opción, lo que ampliaba aún más la discusión.

En el gobierno, la tesis que finalmente se impuso fue que: i) era necesario pensar en un proyecto de puerto a gran escala, que podía ser la idea outer port u otra; ii) la ubicación era parte de lo que debía definirse, junto con el layout, capacidad y por supuesto otras iniciativas asociadas: para un proyecto de esa envergadura, no pueden dejar de considerarse aspectos como accesibilidad y conectividad, circuitos logísticos involucrados, servicios disponibles y un largo etcétera, que es uno de los motivos por los que la decisión está en manos del gobierno. De este modo, se comenzaron a elaborar diversos estudios para poder contestar esas y otras preguntas. Y, como no necesariamente el proyecto definitivo sería un puerto aguas afuera, pero sí sería algo significativamente más grande que lo que acostumbramos ver en nuestras costas, comenzó a hablarse del proyecto de Puerto a Gran Escala o PGE.

Y es así como la ubicación y características definitivas de ese PGE tienen en ascuas a todo el sector portuario. No es malo estudiar con detalle sus elementos, sobre todo cuando sus efectos serán de muy largo plazo: lo importante, como siempre, es que se tome la decisión correcta.

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[Opinión] PGE: ¿Quo Vadis? (I)

Por: Ernesto Piwonka, Ingeniero Civil en Transporte (PUC).

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Ernesto Piwonka

Están de moda los PGE. Todos quisieran tener uno. La disputa por quedarse con él ha sido ardua y extensa, y no parece estar pronta a terminar. Y es que el asunto no es baladí.

Es bueno recordar cómo se llegó al actual debate. Para ello, debemos remontarnos al año 2009, época en la cual el plan maestro de EPSA contemplaba, para sus siguientes 20 años, un proyecto consistente en una dársena interior, cuya primera etapa era el proyecto conocido como Terminal Costanera Espigón (TCE) y que por esos días estaba próximo a iniciar su licitación. El concesionario STI manifestaba que poseía capacidad suficiente para absorber la demanda proyectada en, al menos, el mediano plazo, mientras EPSA planteaba la necesidad de incrementar la capacidad e introducir más competencia.

En ese debate, tanto EPSA como STI contrataron sendos estudios que fundamentaran sus posturas. Fue así como STI trabajó con Asaf Ashar, renombrado consultor internacional en la materia, mientras que EPSA convocó al español INHA, no menos reputado.

Los informes finales traían una sorpresa: cada uno de ellos, trabajando en forma independiente y defendiendo posturas en parte opuestas, incorporaron, a modo de sugerencia para el desarrollo futuro del puerto, una propuesta de construcción aguas afuera del actual molo, idea que se conoció como outer port y que permitía alcanzar, según las primeras estimaciones, una capacidad de transferencia anual del orden de 6 millones de TEUs. Las propuestas, bastante similares entre sí, buscaban aprovechar la profundidad natural del sector, con buena gradiente y que permitía incluso beneficiarse de la presencia de la desembocadura del río Maipo, se podía utilizar el material de dragado para generar las explanadas necesarias para sus áreas de respaldo, tenía la ventaja de ser escalable en el tiempo (podía construirse por etapas, en la medida en que la demanda lo requiriera) y la construcción de cada etapa no interfería, grosso modo, con el funcionamiento del resto del puerto.

La propuesta outer port sorprendió a todos los involucrados y, en particular, llamó poderosamente la atención de los equipos del MTT y del SEP, que rápidamente apoyaron la idea. Sin embargo, no era tan sencillo, pues el proyecto TCE ya estaba bastante avanzado y, por supuesto, EPSA no estaba dispuesta a abandonar su proyecto estrella sólo porque súbitamente surgió una idea que parecía buena. Era necesario definir y acotar mejor el proyecto (en definitiva, estudiarlo en todas sus dimensiones). Aun así, se modificó el plan maestro del puerto de San Antonio, sustituyendo el proyecto dársena por el outer port, pero no la primera parte de aquél: el TCE.

Paralelamente, EPV planteó que el outer port no necesariamente debía ubicarse en San Antonio, pudiendo Valparaíso ser también una opción, lo que ampliaba aún más la discusión.

En el gobierno, la tesis que finalmente se impuso fue que: i) era necesario pensar en un proyecto de puerto a gran escala, que podía ser la idea outer port u otra; ii) la ubicación era parte de lo que debía definirse, junto con el layout, capacidad y por supuesto otras iniciativas asociadas: para un proyecto de esa envergadura, no pueden dejar de considerarse aspectos como accesibilidad y conectividad, circuitos logísticos involucrados, servicios disponibles y un largo etcétera, que es uno de los motivos por los que la decisión está en manos del gobierno. De este modo, se comenzaron a elaborar diversos estudios para poder contestar esas y otras preguntas. Y, como no necesariamente el proyecto definitivo sería un puerto aguas afuera, pero sí sería algo significativamente más grande que lo que acostumbramos ver en nuestras costas, comenzó a hablarse del proyecto de Puerto a Gran Escala o PGE.

Y es así como la ubicación y características definitivas de ese PGE tienen en ascuas a todo el sector portuario. No es malo estudiar con detalle sus elementos, sobre todo cuando sus efectos serán de muy largo plazo: lo importante, como siempre, es que se tome la decisión correcta.

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