Carlos Mondaca: Los (des) conocidos del frío tercer turno en San Antonio ¿Encontraste un error? Avísanos

Por Redacción PortalPortuario.cl

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Si se encuentra una noche en San Antonio  y ya está oscuro y mira hacia el mar, verá una gran luz que resplandece en los terminales. El motivo de aquello es simple: en el puerto el día y la noche no tienen gran diferencia.

Quizás el único cambio que se percibe es que los trabajadores portuarios acuden al tercer turno, más arropados que lo normal y es comprensible. Desde mediados de mayo que las noches en el muelle están muy frías.

Es viernes en el concesionario STI y en la orilla ya espera a los portuarios el Xin Mei Zhu, un coloso de 335 metros de eslora y más de mil contenedores por transferir. También hay un Car Carrier, que desde en Sitio 3 comienza los trámites para ingresar administrativamente a Chile, paso previo y obligatorio para poder descargar los cientos de automóviles que trae en sus cubiertas.

Mientras se retiran los estibadores del segundo turno y llegan los del tercero, los portuarios se saludan, conversan animadamente de alguna correría juntos; el último asado, partido de fútbol o esa vez que se cruzaron en el supermercado. San Antonio es pequeño y no es extraño encontrarse con un compañero de trabajo en la calle o mientras se hace un trámite doméstico.

Por pocos minutos, el sonido de las máquinas acalla y es la risa de los portuarios la que inunda todos los rincones del muelle. El frío no parece afectar el reconocido sentido del humor del grupo. Tampoco parece hacerlo el gran desafío que se viene por delante, puesto que habrá que trabajar duro para poder dejar en tierra los 1480 contenedores que traía a bordo el Xin Mei Zhu y el trabajo de autero tampoco de avizoraba fácil.

Las actividades comienzan con la charla de seguridad, donde cada supervisor especificará detalles propios de la faena que se realizará aquella noche. El vapor que emana de su boca a medida que habla, es un buen indicador de que la temperatura se empinaba tan solo algunos pocos grados sobre cero a esa hora en el muelle. En paralelo, en el edificio de operaciones, el “vessel planner” y el “control radar”, comienzan a planificar la secuencia de descarga de ambas naves y proyectar el flujo de camiones que aquella noche irá a dejar cargas por los patios, además de ver a los que ingresarán al puerto para dejar o recoger un contenedor proveniente del exterior.

También hay ajetreo en el sector de mantención de equipos, un par de tractocamiones deben ser entregados antes del término del turno y hay que ir a terreno a revisar una reach stacker cuyo piloto avisó que tenía un ruido diferente al habitual. A veces no hay tiempo ni para terminar de tomar un café.

Al trabajo portuario se lo conoce poco, pero sepa Ud. que el rol que los puertos juegan en nuestra vida diaria es importante: la mayoría de los artículos que utilizamos en nuestra vida diaria, una buena parte de los alimentos que consumimos y el teléfono por el que estás leyendo este post llegaron a Chile a través de un puerto.

En San Antonio, el puerto marca el pulso de la ciudad y está presente en una buena cantidad de las cosas que ocurren. Observado a la distancia, desde los cerros o el Paseo Bellamar, el terminal de STI ya nos tiene acostumbrado a sus grúas azules en el horizonte y a las inmensas naves que vemos amarrar en sus muelles, pero poco se sabe de las personas – hombres y mujeres de San Antonio – que a diario van hasta dicho lugar a dar vida a grúas, equipos de patio, reparación mecánica de camiones y grúas portacontenedores, operar sistemas informáticos de estiba y control de tráfico, por sólo nombrar algunas de las funciones que se realizan a diario en un terminal.


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